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(CULTURA LIBRE)
Redes libres y P2P

Por una tecnología emancipadora

El espíritu con el que nació Internet era absolutamente diferente a lo que es en la actualidad. Si bien toda la primera etapa de investigación y desarrollo estuvo costeada por los Estados, los primeros programadores imprimieron una impronta libertaria de descentralización absoluta e inteligencia colectiva. No pensaron el poder como un núcleo central al que acceder, sino como una vertiginosa dispersión de fuerzas; nodos que en vez de confluir en un único significado lo parasitaban para destruir todo indicio de totalitarismo. Ese modo de concebir Internet se reactualiza con las redes libres, espacios de intercambio sin mediaciones entre participantes que son a la vez clientes y servidores. Una fusión de saberes técnicos y políticos donde se instala la épica del futuro. Hacen de la transformación y el cambio social una posibilidad del presente.

En la prehistoria virtual el intercambio de información y archivos -la base de Internet hasta el día de hoy- se realizaba de computadora a computadora sin la necesidad de servidores centrales que almacenaran la información. Así fue hasta la colonización mercantil, también, del mundo virtual. Se habían descubierto las íntimas -y muchas veces siniestras- conexiones entre la organización del trabajo, el universo virtual y las técnicas del entretenimiento y el ocio. Nacía el capitalismo cognitivo.
Sin embargo, poco a poco se iniciaba una forma silenciosa de enfrentar el paradigma de mercado, también, en Internet. En los últimos años algo pareció cambiar en la lógica de intercambio de datos en la red.
1999. Napster hace su aparición en escena y divide las aguas de una discusión que ya se avizoraba nodal para el futuro: la de la propiedad intelectual de los contenidos y todos sus links. ¿Qué era Napster? Un sistema de carga y descarga de archivos desde computadoras personales. Así de simple.
Si bien Napster dio inicio masivamente a una nueva forma de intercambio y puso en el tapete la discusión sobre el derecho de propiedad y el derecho de acceso, aún funcionaba de manera centralizada. O sea, con un servidor central que almacenaba los archivos -música en su inmensa mayoría- y conectaba a los nodos -usuarios y usuariasque se requerían mutuamente para los intercambios. Pero esto era sólo la punta del iceberg de un movimiento mucho más radical que hoy está en auge: las redes peer to peer, redes de pares o, más sencillamente, P2P.

Poder distribuido
Las redes P2P son un tipo especial de redes. Quienes participan no asumen funciones como cliente o servidor. Cada participante se comporta como servidor y cliente al mismo tiempo. Se forma una conexión sin mediación entre usuarios y cualquier nodo de la red puede transmitir información al tiempo que la recibe. Esta información está guardada en los discos rígidos de cada participante de la red.
Las P2P cuestionan el statu quo de Internet. Los requerimientos técnicos para desplegarlas en toda su potencialidad asociativa son mínimos: en algunos casos se sirven de tecnología inalámbrica, en otros de conexión cableada y en algunos no hay conexión a Internet. Las ventajas son infinitas. La esencia está en el acceso distribuido a los recursos por fuera del streap-tease publicitario de la red comercial. Una huida a la cultura entendida como correlato de la mercancía virtualizada.
La redes P2P debaten el estatuto del cliente-espectador. Porque si bien es cierto que es sumamente complejo pensar por fuera de la radicalidad del mercado, las redes P2P están convirtiéndose poco a poco en una verdad convulsa, en la pesadilla organizada de los guardianes de la propiedad virtual.
El mediactivismo, y en particular las radios, pueden hacer un uso absolutamente transformador de estas redes. Un uso que incluso trascienda la posibilidad de compartir archivos en una red paralela -de por sí una actividad corrosiva del sistema- usando una vía novedosa y por fuera de los controles estatales y económicos para lograr una verdadera comunicación sin mediación.

No es una utopía
Dentro de las redes P2P existen algunas variantes. Las más conocidas dentro de ese gran universo pueden ser Emule, BitTorrent, Kazaa, entre otros. Tienen alcance mundial y suelen ser utilizadas para descargar música y cine. Cumplen una función esencial: poner al alcance de todos y todas, de manera gratuita -obviamente siempre que se tenga acceso a una computadora y a Internetobras artísticas, de investigación, entre miles de opciones más.
Y existe otro tipo de redes, de carácter local y comunitario, que por alcance y espíritu son perfectos ejemplos de la potencialidad política y crítica de estas tecnologías. Estas redes comunitarias existen en todo el mundo, cada vez más. Comparten el espacio de sus discos rígidos y su ancho de banda -en algunos casos sólo mediante antenas- y pueden convertirse, potencialmente, en una verdadera Internet paralela.
Estas redes requieren una infraestructura mínima, aunque no es suficiente, como con Emule y el resto de los protocolos tradicionales, con conectarse a Internet. Requieren una pequeña antena apuntando al nodo más cercano. Brindan la posibilidad de compartir datos, en algunos casos compartir el acceso a Internet, transmitir voz a costos mucho más bajos que la red telefónica. Y una función primordial: generar medios alternativos libres e independientes.
Puede haber una radio transmitiendo on line por estas redes, un diario ciudadano donde todos los vecinos y vecinas sean a su vez lectores y periodistas, colectivos de videoactivismo transmitiendo video en streaming. Y todo sin los intermediarios corporativos habituales de la edición y transmisión clásicas. La validación colectiva de los contenidos contra el flujo unilateral de los medios masivos. La potencia de estas redes depende, claramente, de la cantidad de nodos activos que existan y de los usos políticos que se les dé interviniendo en ellas.

Atravesar la cultura con otros relatos
Las redes libres ofrecen la experiencia como praxis libertaria. Los modos de luchar contra la propiedad privada de los bienes culturales son la lucha de lo mismo por ser diferente: la misma sobredosis de instinto, el mismo ánimo de siempre de rasgar el mundo y revelar la brutalidad que contiene, en nuevos formatos. He aquí un soporte tecnoético para los medios alternativos del presente y del futuro.
Sin embargo, hay algo de las redes P2P que subleva al poder más que ninguna otra cosa. «La imagen de esta época de multiplicidades y dispersiones infinitas es una forma de aparición de su opuesto, a saber, de la presencia masiva del Capital como significante universal y presencia masiva bajo su forma-fetiche por excelencia, la del dinero, encarnado en infinitas formas aparentemente irreductibles unas a otras, pero todas ellas mercancías. Y el poder totalizador de este capital se da particularmente en el espacio virtual de las redes informáticas y las imágenes mediáticas.» Es «como si estuviéramos recorriendo la historia del espíritu y de la historia al revés: si en los orígenes la promoción del Equivalente General sirvió para ocultar el trabajo de lo Múltiple, ahora la promoción de lo Múltiple sirve para desplazar la completa dominación del Equivalente General.»1
Esta característica de las redes P2P es lo que perturba el sueño de los dueños. La supervivencia, a pesar de todos sus esfuerzos, de una ética que preserva para sí misma una ración no mercantilizada del mundo. Para el sistema, la libertad radicalizada, no cercenada, es aterradora. Cosas con valor de uso pero sin valor de cambio. Signos intraducibles al lenguaje monetario.
Las redes libres y comunitarias rompen la hipotética armonía entre la institución económica y las diversas prácticas autónomas. Porque si bien es cierto que en la mayoría de los casos el festejo de la diferencia se realiza en nombre de la perpetuación del orden existente, también es cierto que en determinados casos, como este, de esa multiplicidad deviene la posibilidad misma de la transformación.

Peros al alma
Paralelamente a los esfuerzos de lobby corporativo por ilegalizar el universo P2P, está la infinita capacidad de enfrentar a la inteligencia alternativa la astucia conservadora. Esto es claro en muchos usos de la llamada Web 2.0.
La Web 2.0, según wikipedia.org, es una «web basada en comunidades de usuarios y una gama especial de servicios, como las redes sociales, los blogs, los wikis, que fomentan la colaboración y el intercambio ágil de información entre los usuarios».
Su esencia está en línea con lo que propone la filosofía P2P, sólo que muchos de sus usos pueden leerse como una contraofensiva al surgimiento de las P2P, desplegada con la pirotecnia publicitaria. Es el caso de sitios muy bien conocidos como MySpace, Fotolog, Flickr, YouTube, Facebook, Blogspot, entre otros.
Exactamente los mismos usos -mostrar, intercambiar, subir y descargar textos, fotos, videos y música- son posibles con increíbles ventajas en las redes P2P. En el caso de compartir archivos sujetos a copyright, el beneficio es no pagar por ellos, ni en efectivo ni a través de la forma velada de la publicidad. En el caso de las producciones propias, la tranquilidad de que no hay una corporación aprovechando información personal para armar bases de datos que luego son vendidas para construir perfiles de consumo o para registros oficiales.
En la Web 2.0 los límites son concretos: el techo son los intereses corporativos. En este sentido, la «interactividad» es limitada. Los intereses en juego en las redes P2P son la cooperación, la solidaridad y la posibilidad de generar una verdadera inteligencia colectiva. Un espacio para los medios alternativos, comunitarios, populares.
La fusión de las P2P, la filosofia copyleft, la lucha contra la propiedad intelectual, son uno de los retos más fascinantes para el futuro. Estas luchas son hoy, por el mañana. Como dice Franco Bifo Berardi, «En las experiencias de software libre, de open source (código abierto) y de P2P no debemos ver sólo una innovación técnica o relacional. En esas experiencias hay indicios de un posible proceso de autonomía del cerebro colectivo frente a la estandarización capitalista»2.
Unas prácticas que nos desafían siempre a estar a la altura, creando de manera sistemática instancias de pensamiento crítico que las acompañen. El momento total de incandescencia. Se trata de salvar la fugacidad de las decisiones, la idea de la intervención inesperada, el acontecimiento irrepetible pero intenso que hiere para siempre en su chasquido. El espíritu de dar no sólo lo que se tiene sino también lo que no se tiene: ese exceso desborda el presente, la propiedad, el derecho, la ética y la política. Es amor puro. •


Notas:
1. Grüner, Eduardo. «La servilleta de Picasso y la sabiduría de Asdrúbal», en Revista El Ojo Mocho.

2. Entrevista a Franco Berardi, publicada en http://biblioweb.sindominio.net/pensamiento




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